Navidad, dulce Navidad
Sobre opinión, conocimiento y verdad no hay nada escrito. O tal vez sí.
—La semana pasada me pusieron extra anestesia cuando fui al dentista y anduve con la cara dormida un buen rato, fue muy gracioso.
—Es muy interesante el tema de la anestesia. Hace poco escuché un podcast donde hablaban sobre su efecto en las operaciones de cadera. Sugerían que dejar al paciente durmiendo una semana de corrido ayudaría a que se recupere mejor.
—¿Una semana bajo el efecto de la anestesia?
—Sí, re loco ¿viste?
—Más que “loco” me parece de mínima cuestionable, la verdad es que no estoy de acuerdo para nada con lo que decís.
—Bueno, está muy bien, cada uno puede opinar lo que le parece.
—Es que no se trata de una opinión, está muy estudiado el efecto de la anestesia en medicina y no es una práctica aconsejable lo que estás diciendo.
—Entiendo que no estés de acuerdo pero estas personas creen que sí, que sería beneficioso y que a ellos como operados de cadera les parece que tiene muchísimo sentido: ¡les habría encantado dormir una semana de corrido después de la operación!
—Pero Roberto, en esto quizás quieras prestar atención a lo que te digo, no soy experto en cirugías de cadera pero ahora mismo estoy haciendo mi residencia en un hospital y te digo que durante la carrera estudiamos bastante cómo se comporta la anestesia y cuáles son los usos recomendados. No es equivalente a dormir.
—Que estés estudiando medicina no quiere decir que lo que vos digas vale más que lo que estas personas plantean. ¿Quién te pensás que sos? ¿Una eminencia del postoperatorio? Que lo hayas estudiado en la universidad no te da derecho a invalidar mi opinión ni la de esta gente, que la operaron no en una sino ¡en ambas caderas! ¿Vos, que te pincharon una sola vez en la encía y se te durmió la cara por unas horas vas a decirle a esta gente cómo se siente ser operada y qué es lo mejor para ellos y qué deberían sentir? Disculpame pero me parece rídiculo.
—Pero yo no dije eso, Roberto.
—Que sí, me lo dijiste. Que yo no puedo opinar porque vos estudiaste unos míseros añitos de medicina y ahora te crees una eminencia en el tema. ¡Pero andate a cagar! Yo opino lo que quiero.
—¿Sabés qué? Dejá, estás quedando como un pelotudo.
1. Elige tu propia falacia
¡Las cosas que uno tiene que escuchar sólo por tener los oídos puestos! Diría mi pareja imitando a un anciano. Pero en este caso fui yo la que le dió cuerda al tío Roberto en la cena navideña, sólo que no era tío, no estábamos cenando y la verdad es que no me imaginé que se comportaría como un Roberto al discutir sobre inmigración. Ah pero Navidad, no hay Navidad sin pelea familiar.
No hace falta ser una metralleta de falacias para robertearla, hay varios niveles y nadie está exento de caer en alguno de ellos. Al fin y al cabo todxs discutimos y no siempre en nuestros mejores momentos. Es de esperar que al envalentonarnos saquemos a relucir malas maneras o argumentos flojos de papeles. Lo importante en tiempos navideños (y de florecimiento de la ultraderecha) es, primero que nada, ser consciente de que no está bueno discutir con el estómago vacío (fundamental). Luego, elegir las batallas, porque si estamos ante un Roberto recurrente que viene arruinando la Navidad año tras año, querer discutirle una vez más en este contexto no tiene sentido y salimos todxs perdiendo. Si se trata, en vez, de un Roberto encubierto que se revela de forma inesperada, lo mejor es reaccionar rápido y sacar los remos del dulce de leche porque es sabido que no vamos a llegar a ningún lado. Finalmente, si es unx mismx quien está encarnando al Roberto de la velada, lo mejor es frenar un momento, tomar distancia y reflexionar sobre qué es importante para nosotrxs y para las personas que nos rodean en esa oportunidad. Ante todo: buenas maneras. Si estamos reunidxs es para pasarla bien o, al menos, no pasarla mal. Si no se pueden mantener las buenas maneras, decirlo y retirarse sin dar portazos. Ya sé que no es fácil, nadie dijo que sería fácil. Si todo falla y se desata la discusión, vuelan granadas e inocentes reciben metrallazos, ahí vienen las disculpas. No en plena batalla, por supuesto, pero sí después, cuando haya pasado el caos.
Ahora bien, no importa qué tipo de discusión unx tenga, siempre se sale transformadx un poquito. Puede ser para bien o puede ser para mal. En mi caso suelo quedarme enganchada pensando en todas y cada una de las cosas que se dijeron. Las analizo cuidadosamente y busco minuciosamente dónde fallan los argumentos e ideas presentados, sin importar si son propios o ajenos. Así como en los libros de “Elige tu propia aventura” me dispongo a tomar cada cosa que me dejó inquieta y ver hasta dónde me lleva. ¿Hay 237 finales posibles? ¡Pues qué lástima! Se vienen largos días de reflexión y miseria. Así es la cosa.
Como no pretendo escribir un libro sobre la discusión que tuve con mi hermano en las callecitas navideñas de Aarhus, en esta oportunidad voy a procurar sacarme del organismo una sola cuestión que me parece importante aclarar. Así que acá les voy a dejar mis dos centavos sobre la distinción entre opinión y conocimiento. En otro momento espero poder llevarlos por el resto de las aventuras, o bien, pueden visitar el sitio web de la Stanford Encyclopedia of Philosophy y explorar algunas de las falacias informales más conocidas.
2. Opinion vs conocimiento
Del creador de “Sobre gustos no hay nada escrito” llega ahora también:
“cada uno puede opinar lo que le parece”
No se dejen engañar, no es una expresión genuina de flexibilidad y apertura. Todo lo contrario, se trata de una sentencia que establece los límites y el cierre de la discusión de una manera arbitraria. No ofrece ni pretende ofrecer un punto medio, es una línea de corte establecida unilateralmente.
Tampoco se trata de una actitud doxástica en la que se suspende el juicio por no tener herramientas para afirmar o negar algo. La cual es completamente válida y deseable si se quiere veraderamente debatir en buenos términos y de forma responsable. No se pretende que unx entienda y argumente de forma inmediata lo que se discute, es posible dejar en suspenso el debate pero sin invalidar la posición del otrx. Y acá viene lo interesante: ¿por qué dictaminar que una discusión está circunscrita al plano de la opinión significa darla por terminada? Pues parecería que en el universo de las opiniones todo es posible y pierde sentido discutir o ponerse de acuerdo. Bueno, tengo malas noticias: no toda sentencia es aceptable como opinión. Puede resultar tentador querer que cada unx se vaya por su lado admitiendo un desacuerdo irreparable, pero una vez que se presentan argumentos o justificaciones en favor de una creencia u opinión, la cosa cambia. Declarar, entonces, que la discusión trata sobre opiniones implica afirmar que los argumentos que la otra persona brindó son inexistentes. Se los anula completamente.
¿Por qué la cosa cambia cuando agrego una justificación a mi opinión? Veamos que dice la filosofía al respecto, más específicamente la rama de la filosofía que se encarga de las preguntas relacionadas al conocimiento: la epistemología. La definición clásica o tradicional que se utiliza en epistemología afirma que el conocimiento es una creencia verdadera justificada. A esta definición se la conoce con el nombre de “tripartita” por establecer tres condiciones necesarias y suficientes para considerar algo como conocimiento:
La condición de creencia,
la condición de verdad y
la condición de justificación.
La condición de creencia excluye la ignorancia, la condición de verdad excluye el error y la de justificación deja fuera a la mera opinión (Williams, 2001).
Ya no se trata de un intercambio de opiniones para matar el tiempo, estamos ante una discusión de la que queremos aprender o enseñar algo y eso sucede gracias al intercambio de argumentos. Puede tratarse de discusiones banales como “qué cocinar para la cena” o debates cruciales para la sociedad democrática en la que vivimos como, por ejemplo, “qué implica la ilegalidad del aborto”. Nos importa saldar estas discusiones, tomar una decisión en función de los mejores argumentos y avanzar con nuestras vidas, ya sea como individuo con hambre a las 21hs o como sociedad argentina en pleno 2020. ¿Esto significa que tenemos que rasgarnos las vestiduras en toda discusión? No, no todas las discusiones se pueden o se deben saldar en el momento, y es ahí cuando intervienen las buenas maneras, ni falacias ni puteadas.
Bibliografía y material de interés:
Suárez Tomé, D. Federico, L. y Giri, L. (2024). Capítulo 1. ¿Qué es la epistemología feminista? En D. Suárez Tomé, L. Belli y A. Mileo (Comps.), Epistemología feminista (pp. 23-34). Eudeba.
Williams, M. (2001). Problems of knowledge: a critical introduction to epistemology [Problemas del conocimiento: una introducción crítica a la epistemología]. Oxford University Press. (Traducción de Esteban Ferreyro. Material de cátedra. 2020.)
Episodio 2: Danila Suárez Tomé - Ciencia y emociones ¿asunto separado? (Definición de bienestar epistémico en el minuto 17).
Episodio de NDA donde se menciona a Kenneth Boyd y el concepto de bienestar epistémico (minuto 14)
Capítulo “No todo lo que duda piensa: Nati Franzoni y la confunsión entre escepticismo y pavadas” del programa Noticias de Ayer #63 en Youtube.

